Escena de Gotas que caen sobre piedras calientes

Puestos a hablar de las películas más calientes de la historia reciente del cine, ciertos títulos clásicos –que rozan lo previsible- retumban en la memoria de los amantes del séptimo arte. Nueve semanas y media, con la excitante figura de Kim Basinger recortada por los listones del cortinado y la música de Joe Cocker mixturándose al dedillo; las torneadas piernas de Sharon Stone bailando sobre una silla en Bajos instintos; o el amor prohibido en Lolita –tanto en la versión de 1962 de Kubrick, como en la remake-, son solamente algunos ejemplos para ello.

Un filme que no goza de tal popularidad, pero que contiene altísimas dosis de un erotismo siempre sugerido, es la imperdible Gotas que caen sobre piedras calientes (2000), del director francés Francois Ozon.

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