En nuestro país, por desgracia, nunca se ha tenido un especial interés por el cine. El contexto social e histórico de España, sobretodo con el franquismo, no ha ayudado a que este arte se desarrollara. En 1941, se decretó la prohibición de proyectar cine en cualquier idioma que no fuese el español; la obligatoriedad del doblaje hizo que el cine extranjero compitiera en igualdad de posibilidades con el cine español, y le perjudicó notablemente.

La Censura fue el pan de cada día en nuestras salas de cine. Era ejercida por la Comisión Calificadora, que no solo revisaba los contenidos de las películas españolas, sino que, en base a esto, permitía a los productores importar más o menos cine extranjero. Al final, los productores estaban más pendientes de las películas de hollywood que se traían, donde estaba el negocio, que en estrenar el cine patrio fuera de nuestras fronteras.

El Gobierno de Franco intenta incentivar el cine llamado de “Interés nacional” con ayudas económicas, que iban destinadas al cine religioso, al folclórico y al cine histórico y social, siempre falseado y pintando bien bonito el régimen del dictador.

Mientras en otros países el cine crecía a pasos de gigante, se avanzaba en las técnicas y se utilizaba el nuevo medio como expresión artística, en España se hacían películas de coplas y flamencas, vacías de contenido e intención de innovación, que solo buscaban el entretenimiento ( y embobamiento) del gran público. Bastantes películas producidas, y bastante malas.

Rafael Gil
se desmarca de ésto y busca un cine más realista a través de la comedia, como en Viaje sin destino (1942) o Huella de luz (1942).

Tan mal está la cosa que en 1955 el Cine Club Universitario de Salamanca celebra unas Conversaciones Nacionales para abordar los problemas de nuestro cine, y con intención de dar un giro a los acontecimientos. Las conclusiones de este encuentro, redactadas por Juan Antonio Bardem, ahora célebres, no dejan lugar a la duda : “El cine español actual es: políticamente ineficaz. Socialmente falso. Intelectualmente infimo. Estéticamente nulo. Industrialmente raquítico“.

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