Con Michael Moore me está pasando igual que con la política: me cansa. Últimamente me dan ganas de no leer lo que escribe en su blog, de no prestar atención a lo que dice en la tele, de no volver a ver ninguno de sus documentales.

Y es que Moore, sin dudas uno de los cineastas más polémicos e inteligentes del momento, a veces peca de manipulador. O al menos así lo veo yo: gordo, ingenioso, comilón y manipulador. Lo observo y trato de creerle, pero no lo logro.

Contemplo al orondo Moore y respeto su mirada hacia la matanza de Columbine (y quizás, porque valoro, además, haber podido conocer un poco más acerca de cómo piensan y pensaban dos tipos tan distintos como Charlton Heston y Marilyn Manson); su indagación (en “Fahrenheit 9/11”) acerca de los vínculos entre los Bush, los saudíes y los Bin Laden; o su libro “Estúpidos hombres blancos” ( Stupid White Men… and Other Sorry Excuses for the State of the Mation!, 2002).

Respeto lo que haces, Mike. Lo que escribes, lo que filmas, lo que intuyes… (mira, por ejemplo, me ha gustado mucho que a Slacker Uprising lo cuelgues en Internet y lo dejes libre en “El Tubo”). Pero a veces dudo de cómo y por qué lo haces. ¿Por qué manipulas tanto, Mike? ¿Por qué filtras falsedades a tu público? ¿Por qué te parcializas, por ejemplo, cuando hablas de la salud en tu país y las comparas con la de Cuba? ¿No podías haber rodado en otros hospitales? ¿No podías haber mirado con otros ojos? ¿De verdad todos los médicos del Reino Unido conducen un Audi (o era un BMW lo que aparecía en “Sicko”?

¿Por qué tanta amor por la política, si la odias? ¿Contradictorio, ilógico, normal? Ahora mismo hablas de General Motors, de GM. Dices que “es una triste ironía que la empresa que inventó la ‘obsolescencia planificada’ se volvió ella misma obsoleta” y tienes toda la razón. Pero entonces nos recuerdas (me recuerdas, me restriegas en la cara) que con “Roger & Me” (tu ópera prima) ya pronosticabas la desaparición de General Motors…

Ey, Mike, no me manipules, compañero. Déjame respirar, déjame pensar… ¿Acaso es mejor que tu ego se sienta bien porque has sido el pitoniso de la bancarrota de la empresa, y quizás hasta incorpores algo a tu nuevo documental, y no que comprendas que no puedes hacer nada por miles de personas que perderán sus empleos? Oye, que la política es un vicio, que lo importante es la justicia, el sentido común…, la verdad.

Sí, últimamente me disgusto mucho contigo, Mike. ¿Podríamos hacer las paces? ¿Podrías hacer un documental que me permitiese escucharte, leerte, disfrutarte, comprenderte… otra vez? Sé que puedes, sé que yo también puedo: aunque odie la política puedo bajar mi furia algunos decibeles (como me pide una amiga que admira tu postura progresista y tu visión del mundo) y motivarme otra vez con tu ironía, tu irreverencia, tu agudeza, tu cine.

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[...] for Columbine” (2002), de Michael Moore, es sin dudas otro de los mejores filmes documentales de la historia del [...]

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